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Miraba la luna y pensé algo extraño. Pensé que podía ocurrir en ese mismo momento algo extraordinario, algo así como que surcara el cielo ante mis ojos una pequeña hada de luz que se detuviera y luego se esfumara. Y entonces, imaginaba, yo quedaría ahí asombrado. ¿Pero cuán asombrado? ¿Conmovido? Ciertamente sería algo absolutamente fuera de lo normal, pues hadas de luz no existen sino en cuentos, de manera que esa experiencia debería conmover los fundamentos de mi mundo. ¿Pero realmente lo haría? Acaso el mundo se convertiría en un lugar todavía más extraño. Pero que el mundo es extraño, eso ya lo sé desde hace tiempo. Seguí adelante. Pensé, ¿qué cosa entonces debería pasar aquí y ahora para que mi mundo se viese subvertido, desencajado, cambiado para siempre? Descarté la aparición de todo tipo de seres, objetos, sonidos. Sentí que todo lo que pudiera presentarse a mi percepción me parecería como estando todavía “de este lado”. ¿Qué cosa vendría realmente de un espacio distinto,

El cuerpo de las mujeres

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Vi este video y, dentro mío, donde había una certidumbre que pasaba más o menos desapercibida apareció una interrogante. Es evidente que desde los medios de comunicación se presiona sobre las mujeres para que adopten modelos de belleza alienantes. Pero, ¿qué posición adoptar como hombre? Lo moralmente correcto es desear que las mujeres sean auténticas, cada una fiel a su singularidad. Sin embargo, ¿qué hacer con el deseo de verlas a todas delgadas, con senos firmes y grandes, piernas largas y una cola parada y generosa? ¡Ese deseo existe! No queda otra que reconocerlo. Y si una fuerza mueve a las mujeres a idealizar esos rasgos, quizá los hombres salgamos ganando con todo esto. En este video se muestra cómo las imágenes de la televisión dan forma a los ideales de belleza femenina que aplastan la autenticidad de las mujeres. Y aquí va el interrogante, una pregunta para los hombres: ¿cuán auténtico es, por nuestra prate, aquel deseo por la imagen de mujer que transmite la televisión?
Hoy me pasó algo fuera de lo común, encontré por la calle una cuchara. En todos mis años de vida nunca había encontrado eso, una cuchara tirada en la calle. Así que mientras esperaba ahí en la esquina a que cortara el semáforo miraba la cuchara y saboreaba el momento. Y de pronto me imaginé mirándome desde lejos, o atrapado por la lente de un fotógrafo que desde un balcón sacaba una foto, y la foto se llamaba “hombre mirando una cuchara”.
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Cuando tengas que elegir entre dos cosas, simplemente tirá una moneda. Funciona no porque resuelva el problema por vos, sino porque en ese breve momento en el que la moneda está en el aire, súbitamente sabés lo que deseás que suceda.
La vida es como una muchacha sexy que te cruzás por la calle. Si le sonreís ella te sonríe. Si la perseguís ella juega. Y si la alcanzás sólo existirá el presente.
Marcel Proust solía decir que "El único verdadero viaje de descubrimiento consiste, no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos". Pero, ¿dónde encontrar esos nuevos ojos?... Esa búsqueda precisa ya de un viaje. El viaje comienza, no luego, sino antes de poder mirar con nuevos ojos. El viaje está antes que todo porque todo lo que ocurre se produce a la vera del camino. Esperar a que algo ocurra para entonces comenzar el viaje es como esperar que el producto exista antes que el proceso en el que se produce. Entre el sujeto y el movimiento no hay más que un pequeño y terrible vacío. Cuando se lo abraza ya se está del otro lado. ¡Pero qué difícil animarse! La ansiedad pretende que un salto nos coloque inmediatamente en el destino. ¿Cómo acceder entonces a soltar amarras en el presente para investigar lo que nos acompaña en este instante? Para eso hay que comprender que el destino llegará de todos modos, y acaso nos encuentre mejor cuanto más hayamos sabido recog
Dice el inconciente colectivo que es imprescindible atemorizar a los otros, pues si encontrásemos a algún otro sin temores, el temor propio se mostraría absurdo. Dice que tenemos que convencer a los otros de que temer es un gesto de la razón, pues si alguien no piensa de ese modo puede animarse a desafiar los temores y entonces dejar al descubierto la cobardía de todos. Por eso estamos tan inconcientemente movidos a atemorizar a los otros... Tal vez los alentemos con las palabras más sentidas, pero por todos lados se nos escapa el... ¡Tené cuidado! ¿Es cierto esto?